COPENHAGUE / BERLÍN. — La geopolítica ha cedido ante la calculadora. En un movimiento que evidencia la fragilidad de la unidad europea frente a la coerción económica, Alemania ha ordenado este domingo el retiro inmediato de sus tropas de Groenlandia. La decisión se produce menos de 48 horas después de que un contingente de la Bundeswehr aterrizara en la isla y tras una advertencia directa desde la Casa Blanca: o se retiran las tropas, o la industria alemana pagará la factura.
La diplomacia del arancel
El detonante de la retirada ha sido el ultimátum lanzado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Washington advirtió a los ocho países europeos que enviaron apoyo militar a Dinamarca que, de no retirar sus efectivos antes del final de mes, se enfrentarían a aranceles punitivos del 10% a partir del 1 de febrero, con una escalada automática al 25% en junio.
Para la Cancillería alemana, las matemáticas eran insostenibles. Con una economía bordeando la recesión técnica y una dependencia crítica de las exportaciones a EE. UU., Berlín ha optado por proteger su "joya de la corona": el sector automotriz.
"No podemos poner en riesgo cientos de miles de puestos de trabajo en Baviera y Baden-Württemberg por una misión de reconocimiento simbólica", deslizaron fuentes cercanas al Ministerio de Economía alemán, aunque la versión oficial militar cita ambiguamente el "cumplimiento de los objetivos de la misión".
Una Europa a dos velocidades
La maniobra alemana ha dejado una imagen de fractura en el Viejo Continente. Mientras los aviones de transporte A400M alemanes despegaban de vuelta a Copenhague, el resto del bloque de la llamada "Resistencia Ártica" mantiene sus posiciones.
- Francia: Emmanuel Macron ha reiterado que las tropas francesas permanecerán, calificando la amenaza estadounidense de "injerencia inaceptable entre aliados".
- El bloque nórdico: Suecia, Finlandia y Noruega, junto con el Reino Unido y Países Bajos, continúan sobre el terreno, alineados con la defensa de la soberanía danesa sobre la isla.
La situación crea una paradoja diplomática: Alemania firmó ayer mismo un comunicado conjunto defendiendo la legitimidad de la misión, pero ha sido la primera en abandonarla físicamente, priorizando sus relaciones comerciales transatlánticas sobre la estrategia de defensa común de la UE.
Groenlandia: Mucho más que hielo
El conflicto subyacente sigue siendo el control de los recursos del Ártico. Lo que comenzó como una oferta de compra por parte de Trump rechazada por Dinamarca ("Groenlandia no está en venta"), ha escalado a una crisis militar. Estados Unidos busca asegurar el acceso a las vastas reservas de tierras raras de la isla, esenciales para la tecnología moderna, y evitar que rivales como China ganen influencia en la zona.
¿Qué pasará el 1 de febrero?
Con Alemania fuera de la ecuación militar, la presión se traslada ahora a París y Londres. Los mercados contienen la respiración esperando ver si Trump cumplirá su amenaza de activar los aranceles contra los países que permanecen en la isla.
Por ahora, el mensaje de Berlín al mundo es claro: la solidaridad europea termina donde empiezan los márgenes de beneficio de la industria del automóvil.
